Víctor Hugo Perales Miranda
Sociólogo, ¿político, científico o tecnócrata del desarrollo?
sábado, 19 de marzo de 2016
El 12 de marzo, Página Siete publicó un artículo de Franco Gamboa
titulado: "¿Qué papel cumple un sociólogo?”. Esta pregunta y algunos
asertos en el artículo merecen una profunda reflexión, pues no hay duda
que el futuro de las disciplinas de las ciencias sociales y humanísticas
es crítico, con mayor intensidad desde el inicio de la actual década.
Cada vez es más complicada la obtención de recursos para mantener
abiertas estas carreras debido a los exiguos presupuestos y la baja
demanda académica; no tanto al cuestionamiento de los aportes de la
sociología al conocimiento científico, ni a la falta de confiabilidad de
los métodos de investigación que emplea.
Es la viabilidad económica -o inviabilidad- la que ha originado la
suspensión de la admisión este año en la carrera de Sociología de la
privada Universidad de Viña del Mar de Chile, hecho que marca su virtual
cierre. Así como también ha sido el motivo principal para la fusión de
distintos doctorados en Ciencias Sociales en uno solo, en algunas
universidades europeas, a fin de abaratar costos administrativos.
En Bolivia existen seis carreras de Sociología, sólo una es privada
-en la Universidad de la Cordillera-, las demás pertenecen a
universidades públicas y lidian permanentemente con presupuestos
limitados. En ninguna de estas carreras se privilegia la formación del
sociólogo dedicado a la militancia partidaria o al activismo en
organizaciones sociales, esto no tiene sustento empírico.
Vale recordar que las currículas con materias de contenidos
marxistas fueron defenestradas en Bolivia y el mundo entre el segundo
lustro de la década de 1980 y el primero de la década de 1990.
Zizek, en El espinoso sujeto (2001) parangona la crisis del
marxismo con la metáfora de los obreros haciendo streep tease en la
película Full monty.
Sí existen sociólogos militantes y activistas, marxistas,
anarquistas o indianistas, pero cada vez son menos. La supervivencia del
debate político y la militancia no se debe a la formación sociológica
oficial, sino a los currículos ocultos, mismos que trasuntan toda
propuesta oficial de contenidos curriculares y suelen fluir fuera de las
aulas, en los pasillos, como parte de la vida extracurricular
universitaria, así como evidencian la búsqueda de algunos jóvenes
estudiantes por tener una identidad política.
Hoy en día, el militante o activista es una especie en extinción
cada vez más atenuada por un acendrado hedonismo, tanto en jóvenes de
élites económicas, como describe Vargas Llosa en su artículo
Wittgenstein en Máncora (2003), así como en jóvenes de extracción
popular atados al narcisismo subyacente del regaetton y el perreo, como
esboza Ubilluz en su Nuevos súbditos (2006), extrapolable al repentino
entusiasmo juvenil, en La Paz y El Alto, por la llamada cumbia sureña.
La identidad de la sociología ha estado tradicionalmente asociada
con la investigación social, más allá de las fidelidades políticas de
algunos sociólogos. Por ello, lo inédito, en las actuales estructuras
curriculares de sociología de Bolivia, es el viraje hacia la formación
en la gestión de proyectos y la elaboración de diagnósticos
socioeconómicos, pues cada vez hay más materias de esta índole, tal como
reclama Gamboa.
De esta manera, lo que hoy se impone ya no es ni el político ni el
científico -para parafrasear a Weber- sino la figura del sociólogo como
tecnócrata del desarrollo que disputa plazas laborales a los
profesionales de Trabajo Social y que ha cambiado la reflexión de la
realidad social por las matrices del enfoque del marco lógico.
Víctor Hugo Perales Miranda es sociólogo, docente de la Carrera de Sociología de la Universidad Pública de El Alto.
